Si tú dispusieres tu corazón, Y extendieres a él tus manos;
Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, Y no consintieres que more en tu casa la injusticia,
Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, Y serás fuerte, y nada temerás;
Y olvidarás tu miseria, O te acordarás de ella como de aguas que pasaron.
La vida te será más clara que el mediodía; Aunque oscureciere, será como la mañana.
Tendrás confianza, porque hay esperanza; Mirarás alrededor, y dormirás seguro.
Te acostarás, y no habrá quien te espante; Y muchos suplicarán tu favor.
Pero los ojos de los malos se consumirán, Y no tendrán refugio;
Y su esperanza será dar su último suspiro.

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